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¡Extra! ¡Extra! ¡El Director de La Selva es embestido por elefantes africanos tres veces pero sobrevive para contarlo!

¿Te gustaría que tu corazón se acelere y experimentar un subidón de adrenalina que te dure por horas? Siéntate en un vehículo de safari abierto y haz que un elefante silvestre se te acerque a toda carrera con intenciones maléficas en su mente. Los elefantes africanos son criaturas quisquillosas. Magníficos en su hábitat natural, son una fuerza mayor que pisotea, aplasta, y forrajea en los ecosistemas africanos. El encontrar a una manada de elefantes con sus crías es suficientemente emocionante, pero cuando el humor les cambia (o cuando interpretan tu presencia como una amenaza), las cosas se pueden poner difíciles muy rápidamente.

En el Parque Nacional Gorongosa, en Mozambique, tuvimos nuestro primer encuentro con elefantes silvestres. Una manada de hembras y crías forrajeaban plácidamente en un pequeño bosque aledaño a un claro. Habíamos estado rastreando sus frescas “huellas” (es decir, sus gigantescos excrementos) por aproximadamente una hora y finalmente los teníamos a la vista. Lo que no estaba a la vista era la otra mitad de la manada, la cual apareció con estruendo a nuestra izquierda poniendo a todo el mundo, elefantes y humanos, en un alto estado de excitación y consternación. La matrona elefante embistió enérgicamente a nuestro vehículo pero, como es el caso la mayoría de las veces, se detuvo a unos pocos pasos del mismo, habiendo demostrado amplia y convincentemente su poder sobre nosotros, débiles primates. La segunda embestida, predicha por nuestro guía y chofer Castro Morais, sucedió cuando ya nos retirábamos del sitio. Una hembra que se había mantenido atrás del grupo durante el encuentro inicial embistió desde la retaguardia y persiguió a nuestro vehículo a alta velocidad. Buen esfuerzo pero sin premio a la furtiva elefante.

Finalmente, la última embestida sucedió cuando explorábamos al Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. Manejamos nuestro carro de alquiler en las carreteras pavimentadas y de tierra del parque, encontrando elefantes, jirafas, cebras, y muchos otros animales. La mayoría de los elefantes forrajeaban plácidamente, algunos tan cerca que casi hubiéramos podido tocarlos. En una curva del camino nos topamos con un par de elefantes macho que estaban participando en una alterada discusión. El más grande de los elefantes estuvo en desacuerdo con nuestra sorpresiva interrupción, se elevó en sus patas traseras cual elefante de circo, y nos embistió. Lo único que pudimos hacer fue poner el vehículo en retroceso y acelerar lo más rápido posible hasta que pudiéramos dar la vuelta con seguridad o esperar a que el Sr. Simpatía se cansara de perseguirnos. ¡Volamos en reverso por más de dos kilómetros!

Los animales silvestres pueden a veces ser impredecibles y los elefantes tienen largas memorias. Sin embargo, estos individuos probablemente nos olvidarán muy pronto mientras que nosotros los recordaremos por el resto de nuestras vidas.

Modificado el ( 15/05/17 )
 
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